La mayoría de juegos requieren unas manos ágiles, pero en Flower Shop sólo hace falta tener mano para las plantas.
Tras un duro día de trabajo en una ruidosa firma de diseño de la ciudad, Meg sale del edificio, da un grito y se sienta en un banco en medio del bullicio del tráfico y las obras. ¿Qué es esto? ¿Un periódico que anuncia una floristería en venta en una isla remota? Eso sería mano de santo.
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